• Juan P. Lema

El momento más productivo del día

El cansancio que sentimos muchas veces al final de la jornada no se debe a nuestra labor ni a nuestro trabajo; se debe al momento del día en el que realizamos cada actividad.

Conozco a muchas personas, y a mí incluso ha llegado a pasarme, que al salir en ocasiones del trabajo, al final del día, están tan cansados que no quieren hacer nada. Desean solo encontrar una cama para tirarse y descansar, bien sea viendo televisión o navegando las redes sociales. Ni para leer un libro les quedan energías.


Si tú también eres de los que alguna vez te ha pasado esto, entonces esta publicación te interesará.


Durante la jornada laboral hacemos diferentes cosas y tipos de actividades. Por lo general, la mayoría de las personas, no nos detenemos a planificar cuál es el momento más propicio del día para realizar cada una, dependiendo del tipo de tarea que es, sino que llenamos nuestras agendas como si fueran rompecabezas, tratando de meter a la fuerza las actividades en los huecos en que quepan. O peor aún, dejando que sean los demás los que nos indiquen cuando hacer las cosas, bien sea porque aceptamos todas las reuniones a las que nos convocan, o porque dejamos que la lectura y el ritmo de llegada del correo electrónico sea el que nos vaya diciendo que abordar en cada momento del día.


Con esta estrategia puede que logremos muchas cosas. Sin embargo, si tuviéramos en cuenta nuestro ciclo corporal y entendiéramos qué momento de la jornada es el más indicado para cada tipo de actividad y aprovechar así al máximo nuestra productividad y energía, no solo lograríamos muchos más y mejores resultados, sino que llegaríamos al final de nuestros días sin estar agotados. Llenos de satisfacción por la labor cumplida, pero sobretodo, con ánimos de salir del trabajo y emprender un sinfín de actividades personales.


Los ciclos corporales varían de persona a persona y cada uno tiene que aprender a identificar el suyo con el fin de aumentar su productividad. Pero diversos estudios científicos han demostrado que a la mayoría de las personas nos funciona el siguiente ciclo que describo a continuación:


1. PRIMERA HORA: independientemente de si eres una persona madrugadora, el primer momento de la jornada es por lo general el momento más productivo del día. Es cuando acabamos de despertarnos y tenemos todas nuestras energías recargadas. Es cuando tenemos más lucidez y menos pensamientos dando vueltas en nuestra mente.


Por este motivo, es a primera hora cuando debemos dedicarnos a hacer trabajos individuales que requieran de la mayor concentración y de toda nuestra capacidad analítica. Es cuando debeos realizar informes, análisis, estructurar proyectos, calcular presupuestos, revisar cumplimientos de ventas, entre otros. Es el momento en el que contamos con todos nuestros recursos cerebrales casi al 100% y por ello vamos a obtener mejores resultados de una manera más fácil.


2. MEDIA MAÑANA: después de haber realizado aquella actividad que nos demandó tanto analíticamente hablando, es el momento adecuado para descargar un poco nuestro procesador interno y dejar que el cerebro descanse. Por ello es ahí, cerca de la media mañana, cuando idealmente debemos abrir por primera vez en el día el correo electrónico y darle una mirada a la bandeja de entrada para procesar los mensajes recibidos desde la noche anterior. Recuerda que tenemos una publicación específica sobre cómo revisar el email.


3. ANTES DEL MEDIO DÍA: cuando la jornada sigue avanzando y después de habernos puesto al día con nuestros correos (y sistemas de mensajería), es el momento adecuado para programar reuniones. En general, la cultura latina es impuntual y mala en el manejo de las agendas de las reuniones, motivo por el cual las sesiones grupales de trabajo se alargan más allá de la hora convocada.


Por ello, establecer las reuniones laborales justo antes del almuerzo es una buena práctica para lograr que la presión del hambre haga que los asistentes a la reunión se concentren en lo importante y, por el afán de salir a almorzar, la reunión se termine prontamente. Eso sí, no vayan a cometer el error de convertir las reuniones en almuerzos de trabajo, porque sería como declarar la batalla perdida ante la productividad.


4. DESPUÉS DEL ALMUERZO: luego de almorzar, por lo general, llegamos a los escritorios con un poco de sueño y de cansancio. La digestión hace las suyas con nuestra energía. Por ello, en este momento no debemos forzarnos a realizar actividades que requieran de mucho análisis ni, mucho menos, programar una reunión. Después de almuerzo lo más indicado es realizar actividades individuales operativas como revisar nuevamente el correo, firmar documentos, diligenciar formatos, realizar aprobaciones en el sistema o, mejor aún, realizar llamadas telefónicas.


Si dedicamos este momento del día para este tipo de actividades, no solo volveremos productivo uno de los espacios más improductivos del día, sino que también aprovecharemos nuestras energías en actividades que verdaderamente lo requieren.


5. EN LA TARDE: cuando el fin de la jornada se acerca, es el momento indicado para realizar actividades que requieran algo más de creatividad. Diseñar nuevas propuestas, crear nuevas estrategias, identificar oportunidades de innovación, etc. Es el momento en el que en lugar de pensar de manera analítica requerimos tener la mente un poco más abierta, más llena de información, con todos los aprendizajes y vivencias de la jornada activos, de manera que podamos realizar conexiones mentales que nos ayudan a ser más creativos e innovadores.


Es obvio que no todos los días podrán estructurarse de esta manera. Sin embargo algunos días sí será posible. Y es en aquellos en los que les recomiendo hacer uso de esta estrategia porque es una de las mejores maneras de balancear las cargas y llegar al final de la tarde, a tu tiempo libre, lleno de energía y de ganas para emprender todas tus actividades personales, sociales y familiares. Y es ahí cuando te darás cuenta de que tu cansancio no se debe a tu labor ni a tu trabajo; se debe principalmente al momento del día en el que realizas cada actividad.


Ensáyalo y vas a ver el efecto que tiene.

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