• Juan P. Lema

¿Qué tiene de bueno el perfeccionismo?

Actualizado: 27 de sep de 2019

Muchas personas, entre ellas yo, hemos creído que el perfeccionismo es un defecto piadoso. De esos que no valen la pena y que tienen más de bueno que de malo. Hemos estado totalmente equivocados.

Al pensar sobre el perfeccionismo, lo primero que viene a mi mente es la cantidad de personas que he entrevistado en mi vida, en medio de un proceso laboral, que me han dicho que uno de sus más grandes defectos es el perfeccionismo. Y pienso en ellos porque lo dicen sin realmente creérselo. Es más, yo fui durante mucho tiempo una de esas personas.


Cuando me preparaba para una entrevista de trabajo llevaba como respuesta para la pregunta de cuál era uno de los aspectos que tenía por mejorar, decir que dejar de ser perfeccionista. Y lo usaba, al igual que todos aquellos que entrevisté, porque en el fondo la mayoría de las personas vemos el perfeccionismo como algo bueno y no como algo malo. Lo vemos relacionado con una gran calidad en lo que hacemos. Es más, en la escala de los defectos es el equivalente a una mentira piadosa. No vale la pena y al contrario hace mucho bien.


Después de estudiarlo con detenimiento he llegado a la conclusión de que es un defecto gravísimo y que uno no debería contratar a nadie con este defecto, a menos que de verdad esté llevando a cabo un plan para corregirlo. Pues el perfeccionismo impacta negativamente no solo la productividad del empleado, sino también, y principalmente, su estado de ánimo y el tiempo con el que podrá contar para balancear su vida personal con la laboral. Veamos por qué.


"Se tiende a creer, erradamente, que el perfeccionismo no es tan malo."

El perfeccionismo en realidad es uno de los ladrones de tiempo más silenciosos que existe. Porque la persona perfeccionista se muestra ocupada y además haciendo algo relacionado con el objetivo a lograr. Es decir, el perfeccionismo no roba tiempo porque te distrae o te saca de tu tarea, sino porque te toma más tiempo para hacer cada tarea. No te aleja de los objetivos, ni de la meta a alcanzar. Y allí está el principal problema.


Porque quien se distrae en una conversación sobre otro tema, quien deja que las horas le pasen en su celular o en Internet, quien pierde tiempo atendiendo llamadas sinfín en el teléfono sabe (o podría llegar a saber) que durante esos momentos no está enfocado en la meta que tiene por lograr. Que esas actividades no tienen necesariamente relación con un proyecto o un entregable específico. Y si decide actuar, puede dejar a un lado esas distracciones o ladrones de tiempo y ponerse a trabajar en lo que le corresponde.


Sin embargo, el perfeccionista al hacer su reflexión de por qué está tan ocupado y por qué no le alcanza el tiempo no es capaz de verlo. Su análisis le muestra que todo el tiempo estuvo dedicado a la tarea importante. Que no dejó que otros lo distrajeran ni perdió tiempo haciendo otras cosas en su celular. Y en este punto se encuentra en una sin salida, en un momento de frustración que le trae más estrés. Siente sobrecarga laboral y que la salida para resolverla no depende de él.


Ser perfeccionista no solo es malo en el ámbito laboral. Lo es también en el personal. Porque el tiempo que nos toma realizar cualquier tarea a la perfección es tan grande que no nos queda tiempo para todo lo que queramos hacer. Además del círculo emocional que nos implica tratar de ser perfectos en algo. Al ser algo utópico terminamos por deprimirnos al no lograrlo. Veamos un par de ejemplos.


Un estudiante que quiere sacar 5.0 en un examen requiere de mucho tiempo para estudiar. Pues sacar dicha nota es buscar la perfección y esto implica que se debe saber todos los temas y no cometer ni el más mínimo error. Quizás, para poder estudiar todo va a dejar de jugar, salir con sus amigos, hacer deporte o sacrificar otro tipo de actividades que también le gustaría hacer. Por otro lado, un estudiante que quiere sacar 3.0, sabiendo que con dicha nota también gana el examen, decide que no tiene que estudiar todos los temas o que quizás no tendrá que saberse todo a la perfección. Que con algunos conocimientos básicos será capaz de sortear el 60 o 70% de las preguntas y con ellos sacar la nota esperada. Así, al requerir menos tiempo para estudiar podrá ir al parque, ir a cine y disfrutar de tiempo con su familia.


Pero ahí no termina el problema. Cuando el estudiante que estudió para sacar 5.0 obtiene como nota un 4.8 se siente triste y frustrado. Siente que no logró la meta que tenía y como no obtuvo una nota perfecta se aburre. Mientras que el estudiante que estudió para el 3.0, si se saca un 3.2, por ejemplo, se pone super feliz porque logró más de lo esperado. El primer estudiante se siente un perdedor y el segundo un ganador. Con las implicaciones que tiene esto para la forma cómo se ve la vida y a dónde nos lleva el sentirnos exitosos. El sentir que lo estamos logrando.


"El perfeccionista sacrifica su tiempo personal para trabajar más en lo mismo. Sin lograr más ni mejores resultados."

Piensa por ejemplo cuánto tiempo pierdes revisando una presentación para asegurarte de que no tenga ningún error, que todas las fuentes son del mismo tipo y tamaño, que todas las viñetas tienen la misma forma y color, que las márgenes están iguales, etc. ¿Es de verdad este el valor importante de tu trabajo? Llevarla a la perfección nos toma mucho tiempo y no va a mejorar tanto la calidad del contenido.


Algunos pueden estar pensando que lo que escribo es una incitación a la mediocridad. Para nada. Es simplemente, como dice una de las leyes de la eficacia, ser capaces de encontrar el punto justo en donde los incrementos en la calidad del trabajo, no se compensan con los incrementos en la cantidad de tiempo que hay que dedicarles.


Así que les recomiendo que nunca vuelvan a decir en una entrevista de trabajo que su mayor defecto es que son perfeccionistas. Tal vez por ello los descartarán, o al menos yo lo haría. Porque el perfeccionismo no tiene nada bueno.

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