• Juan P. Lema

Por qué escribir tus objetivos

Este es el momento indicado para fijarnos metas anuales. Aprende por qué al escribirlas aseguras su ejecución.

El comienzo de año es un tiempo propicio para hablar de objetivos, metas y propósitos. Seguramente en el balance que hicieron al cerrar el año que terminó, o en la celebración de Año Nuevo, pensaron en todo aquello que no lograron en 2019 y, especialmente, en aquello que quieren lograr este año.


Tal vez se hicieron un montón de propósitos, varios seguramente repetidos de otros años, en algunos de los cuales ya empezaron a trabajar y otros que seguramente se van a ir posponiendo hasta que se olviden. Como nos sucede a la mayoría de las personas con las metas en el ámbito personal. Dejamos que la ocupación del día día con nuestros trabajos, la pereza u otro montón de agentes externos y excusas nos alejen de los que queremos lograr.


Hoy les quiero decir que el problema para lograr nuestros propósitos no son los otros, la pereza, ni la aversión a las dificultades o a los esfuerzos. La culpa la tienen el no escribir nuestros propósitos y el no contar con un proceso periódico –diría que trimestral– para hacerles seguimiento a sus avances. Esto aunado a la falta de tener una presión externa que nos motive o nos impulse a lograr los resultados.


Lo que les acabo de decir no es problema de pocos. Es un problema de casi todas las personas. Por ello, si se han identificado con parte de lo que he dicho hasta ahora, seguramente se estarán preguntando ¿por qué me pasa esto en el ámbito personal, mientras en el trabajo soy exitoso? La respuesta está en lo que les acabo de decir: nos falta escribir los objetivos y hacerles un seguimiento periódico a su ejecución.


“¿Ya escribiste tus objetivos personales para este año?”

He trabajado en muchas empresas. Algunas grandes, otras pequeñas. En empresas familiares y en sociedades anónimas inscritas en bolsa. Empresas del sector público y del sector privado. De sectores como el industrial, el comercial, el financiero y el de servicios. Como ven, la variedad es amplia en todos los sentidos. Pero lo que todas tenían en común era la fijación de metas anuales. De objetivos de desempeño. Algunos más detallados que otros. En unas más más orientas al proceso y en otras al resultado. Algunas limitadas solo al aspecto financiero de la compañía (ingresos, utilidad, ejecución presupuestal, etc.), mientras otras tenían además objetivos en otras dimensiones como la de clientes, la de procesos, la de empleados, etc.


Asimismo, en casi todas estas compañías, para asegurar el cumplimiento de sus grandes objetivos, contaban con un sistema de desglose de las metas para que cada empleado fuera consciente y medido desde su aporte individual al logro colectivo. En algunas empresas lo llaman Sistema de Gestión del Desempeño, en otras Objetivos Anuales, en otras Tablero de Control. Los nombres pueden variar, pero el sentido es el mismo: asegurar que cada uno de los empleados tenga definidos y escritos sus retos anuales. Aquellos indicadores claves por los cuales debe responder y bajo los cuales se va a medir su gestión al final del año.


Pero ahí no para todo. Además, siempre se hacen revisiones periódicas a lo largo del año. En algunas empresas de las que trabajé hacían dos, en otras tres y en una de ellas cuatro. Con esto se busca asegurar que a lo largo del año se están dando los pasos adecuados para lograr las metas, o tomar medidas correctivas a tiempo si es del caso. Pero especialmente pretende que los empleados tengan muy claro y vivo en su mente aquello que deben lograr. Esto por lo que no deben dejar de trabajar. El propósito por el que deben llegar a luchar cada día.


Este proceso de contratación de objetivos o de fijación de metas anuales es muy claro y muy usado hoy en día en la mayoría de las empresas. Sin embargo en el ámbito personal no es tan arraigado. Conozco muchas personas que al empezar el año piensan, y hasta dicen, sus tres, cuatro o cinco metas específicas para el año que empieza. Pero conozco bien pocas que se sienten a escribirlas utilizando herramientas como el mapa de la prosperidad o similares. Y ahí radica la diferencia. Porque cuando escribimos nuestras metas tenemos mayor probabilidad de cumplirlas.


“Quienes escriben sus metas tienen mayor probabilidad de cumplirlas”.

El ver nuestras metas plasmadas en un papel, nos ayuda a recordarlas. A tenerlas presentes. Guardarlas en el primer cajón del escritorio, pegarlas detrás de la puerta del cuarto o en un lugar visible al abrir el closet, son mecanismos que nos ayudan verlas todo el tiempo, a recordarlas y a tenerlas presentes. Nos impulsa a trabajar por lo que queremos lograr y por lo que no debemos dejar de luchar durante el año.


Entonces, ¿si lo hacemos en nuestros trabajos, por qué no hacerlo con nuestros objetivos personales? Tomen ya una hoja y escriban entre tres y cinco objetivos personales que tengan para este año. O descarguen aquí el formato que usamos para ello en Time Es Cool. Luego guárdenlo o péguenlo en lugar visible. En un lugar con el que se encuentren con él al menos una vez a la semana.


La idea es que se mentalicen y cada semana den un paso que los acerque hacia el cumplimiento de esas metas. Empiecen a trabajar para que logren ese viaje que tanto quieren y que han venido aplazando. Para que se vuelvan unos expertos en ese hobby que hace tiempos quieren aprender y dominar. Estudiar ese idioma o especialización que les va a ayudar a ser mejores profesionales.


Y no olviden, a la hora de fijar sus metas, la clave que les compartí para la fijación de metas, en este mismo blog, haces varios meses (ver publicación completa).


Finalmente, recuerden que del seguimiento depende una buena ejecución. Así que no los dejen solo escrito. Agéndense de una vez, al final de cada trimestre, para que revisen cómo van en sus avances y, así, los puedan alcanzar.

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