• Juan P. Lema

¿Son tus objetivos unos subjetivos?

Cuando los objetivos son vagos y difíciles de medir, quedamos en la nebulosa y con un panorama que nos lleva a incumplir y no lograr nuestras metas.

Hace unos meses escribí en este blog del por qué es importante escribir tus objetivos. Luego de ello varias personas me contactaron para que les ayudara revisando los objetivos que habían escrito y descubrí que la mayoría de nosotros no sabemos escribir objetivos. Y no es que yo sea del tipo de académicos que se rasgan las vestiduras por el tipo de verbos que se utilizan o por la estructura gramatical que se adopta. Me refiero a un aspecto más práctico. A uno más terrenal. Al que se relaciona con el manejo del tiempo y al logro de las metas y sueños personales. Al que va estrechamente ligado con la productividad de cada uno de nosotros y que tiene que ver tanto con el ámbito personal como con el laboral.


Cuando digo que no sabemos escribir objetivos me refiero a que más que objetivos, escribimos subjetivos. Es decir, escribimos metas, o logros que queremos alcanzar de una manera tan efímera y surrealista que luego evaluar si los alcanzamos o no depende de un montón de cosas y nos toca empezar a dar explicaciones para defender el cumplimiento. Casi siempre empezando por lo que quisimos decir pero no dijimos al escribirlos.


Esto tiene varios problemas. En el ámbito laboral el mayor problema se da con nuestros jefes. Al momento de realizar la evaluación de desempeño anual, cuando llegamos orgullosos y felices, convencidos de que hemos logrado todo lo que nos hemos propuesto, nuestros jefes muchas veces piensan lo contrario. Y empezamos a argumentar de uno y otro lado sobre temas que parecen arenas movedizas porque no hay sustento alguno que sea realmente firme. Ambas partes usamos argumentos totalmente subjetivos que se pueden desbaratar, pero por nivel jerárquico casi siempre ganan los argumentos del jefe. Veámoslo con ejemplos.


A Carlos su jefe le dijo que este año debería procurar trabajar más en equipo. El dio lo mejor de sí durante el año y lo tuvo muy presente. Participó activamente en varios proyectos, se preparó para las reuniones, aportó sus conocimientos, he hizo otro montón de cosas que desde su punto de vista fueron comportamientos satisfactorios para demostrar que había trabajado más en equipo. Sin embargo su jefe piensa que eso no fue suficiente. Que su relación con Liliana, una compañera no fue la mejor, que no estuvo muy dispuesto y que no siempre se mostró colaborativo. Al final, por más que Carlos haya hecho mucho, para la mirada de su jefe su esfuerzo no fue suficiente para demostrar que trabajó más en equipo como le había solicitado y la evaluación de su desempeño en este aspecto no fue sobresaliente.


En otra empresa, a Sara le pidió su jefe que tuviera como objetivo este año ser más amable con sus compañeros. Ella lo tuvo muy presente y trató de tener una buena actitud todo el tiempo. Llegó muy contenta a su reunión de evaluación de desempeño porque creyó haberlo hecho muy bien. Sin embargo, su jefe piensa que no lo ha hecho tan bien. Que algunas veces le respondió de manera seca a Oscar, un compañero, y que una tarde no estuvo dispuesta a ayudarle con una tarea a Isa, una auxiliar del área. Que pudo haber dado más de sí para ser más amable y hacer el clima laboral más agradable.


En ambas situaciones el problema es el mismo. El objetivo se acordó de manera vaga y difícil –o imposible– de medir. Se pidió que se hiciera más de algo, pero no se precisó cuánto ni exactamente qué. A esto me refiero con que se acordó algo subjetivo y no algo objetivo.


Pero pasa lo mismo en el plano personal. Y acá es aún peor porque el que se sabotea el no cumplimiento de los objetivos es uno mismo. Y es nuestro yo interior el que empieza a inventarse un montón de disculpas y mentiras para encontrar excusas que expliquen el porqué el objetivo estaba mal escrito y no era tan objetivo sino que lo acomodamos a nuestro amaño, de manera que lo demos por cumplido aunque en realidad, muy en el fondo sabemos que no lo hemos cumplido. Acá el punto es que a nadie le gusta sentirse como un perdedor y por ello nos inventamos estas historias.


Por ejemplo, cuando María se pone como objetivo hacer dieta, al romperla se dice cosas como ‘Pero es que esta semana es mi cumpleaños y cómo no iba a comer torta’ o ´Es que me invitaron a este restaurante y cómo no iba a aprovechar’.


O si el objetivo que se fija Juan Carlos es que va a ser más querido con su mamá. El día que discute con ella piensa ‘Pero esta vez fue porque ella hizo esto o aquello, no porque yo no fuera querido’ o cuando no le hace un favor dice ‘Tenía toda la intención de hacérselo pero me surgió esa reunión de trabajo y me quedó imposible’. No fue porque no se lo quisiera hacer.


Y así, como estos podemos relatar muchos ejemplos en donde por explicación propias, para el incumplimiento de los objetivos personales, o por explicaciones de nuestros jefes, para el incumplimiento de objetivos laborales, terminamos no alcanzando las metas que nos habíamos fijado.


Pero en realidad, como lo dije desde el principio de esta publicación, el problema no radica en las razones sino en la forma cómo escribimos nuestros objetivos, ya que lo hacemos de una manera subjetiva. Para evitar esto, hay que hacerlo, como se dice en inglés, de una manera SMART, expresión proveniente del acrónimo creado a partir de las expresiones Specific (específico), Measurable (medible), Achievable (alcanzable), Relevant (retador) y Time limited (delimitado en el tiempo). Veámoslas en detalle:

  • Específico: lo más concreto posible para poder identificar lo que deseas lograr.

  • Medible: que se tenga un parámetro claro para saber si se cumplió o no.

  • Alcanzable: que se pueda realizar. Proponerse algo irrealizable es una puerta abierta al fracaso.

  • Retador: deben estar dentro de las posibilidades pero debe requerir esfuerzo para lograrse.

  • Delimitado en el tiempo: con un plazo de tiempo específico para ser cumplidos.

Llevando a la práctica esta teoría con los cuatro ejemplos que analizamos anteriormente, si los hubiéramos escrito de manera SMART hubieran quedado algo como:


  1. Recibir menos de 3 quejas en 2020 por falta de colaboración de Carlos en trabajos en equipo.

  2. Recibir máximo 5 manifestaciones en 2020, por parte de sus compañeros de trabajo, relacionadas con la falta de amabilidad de Sara.

  3. Hacer dieta, sin romperla, 5 de los 7 días de la semana, durante 4 semanas continuas a partir del 1 de marzo de 2020.

  4. Dejar de hacerle a mi mamá máximo 1 favor en el mes, durante febrero, marzo y abril de 2020.

Como ven, todos los objetivos SMART tienen un número, para poder der medibles, y una fecha, para poder ser acotados en el tiempo. Estas dos claves te ayudarán a validar que vas por buen camino en la redacción de tus objetivos. Ahora, recuerda que este número viene siendo tu meta y saber si es alcanzable pero retadora solo depende de ti. Te recomendamos darle nuevamente una mirada a la publicación que hice hace unos meses con claves para la fijación de metas.


Sé que este tema parece una simpleza, pero escribir objetivos SMART es la mejor forma de evitar que después de hacer muchos esfuerzos por cumplir nuestros jefes nos digan que no lo logramos o que, en el plano personal, nosotros mismos nos demos excúsala para sabotear el logro de nuestras metas.

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