• Juan P. Lema

Regálate un día para ti

Desconocemos el inmenso valor que tienen los días libres. Aprender a aprovecharlos nos ayuda a lograr más y a ser mucho más felices.

En el agitado ritmo de vida que llevamos actualmente, se nos ha vuelto normal que en el día a día tengamos pocas horas libres. Pasamos jornadas enteras trabajando y sirviendo a los demás, conectados todo el tiempo y en constante estado de alerta.


Además, debido a la tecnología, o mejor, al mal uso que hacemos de ella, los fines de semana no logramos desconectarnos del todo y continuamos trabajando, sino física, por lo menos mentalmente. Y hasta en nuestras vacaciones se nos hace difícil lograr una verdadera desconexión y dejar a un lado el correo y los chat corporativos.

El problema de este hábito, es que para lograr que el descanso sea reparador debe tener una duración adecuada y una continuidad en su disfrute. No en vano es que se se recomienda tomar las vacaciones por lo menos durante 6 días seguidos.


“El descanso es tan importante como el trabajo arduo para alcanzar nuestras metas.”

Igual, en el diario vivir, es necesario descansar más de cinco minutos entre reunión y reunión o un par de horas al final de la jornada. De lo contrario nos agotaremos debido al cansancio acumulado. Pues aunque estos descansos cortos son necesarios para mantener un buen nivel de energía y de productividad durante el día, no son suficientes para reparar completamente nuestro organismo.


Es por ello que deberíamos tener todas las semanas, al menos un día libre. Un día en el que nos desconectemos de nuestro trabajo o estudio. Un día en el que no pensemos en nuestras responsabilidades y nuestros retos. Un día de descanso que en el que podamos recargar nuestra mente, descansar nuestro cuerpo y compartir con las personas que amamos.


Adicionalmente, es conveniente también disponer, al menos una vez al mes, de un día para nosotros. Un día que sea para lo personal. Para hacer aquello que nos plazca, así sea simplemente dormir o dormitar. Pero nada más.

“El tiempo que disfrutas perdiendo tiempo, no es tiempo perdido” - Marthe Troly-Curtin

Para aprovechar verdaderamente nuestros días libres, sin remordimientos posteriores, también debemos planearlos. De manera que el tiempo no se nos escape de las manos, porque este tipo de días sí que se van especialmente rápido cuando no tenemos claro qué es lo que queremos hacer y mucho menos qué es lo que queremos lograr.

Por ello, te damos algunas recomendaciones para que sientas que sacas el máximo provecho de tus días libres y se convierten en un verdadero regalo para ti:

1. Ponte al día: haz una lista de todas aquellas diligencias que tengas por hacer o tareas en la casa que hace tiempos vienes procrastinando y prográmate para realizarlas. Todas aquellas cosas que llevas días, y hasta semanas, pudiendo vivir sin haberlas hecho, pero igual te han seguido atormentando y ocupando espacio valioso en tu cerebro. Por ello arregla las matas que están esperando una mano tuya, organiza el armario con tu ropa, dobla la ropa de cama adecuadamente, depura los libros en tu biblioteca, saca todo lo que tienes para regalar, revisa tu correo personal, pega ese par de botones de aquella prenda que hace días no te pones, cuelga el cuadro que te regalaron. Realiza este tipo de actividades a primera hora del día y te aseguro que aún te quedará tiempo libre en tu día para otras cosas. De lo contrario, estas actividades continuarán perturbándote, zumbándote en la cabeza como mosquitos, y no te abandonarán, haciendo que no aproveches bien tu descanso ni seas productivo al volver a trabajar.


2. Disminuye el estrés: elige una de tus actividades favoritas para disminuir el estrés y realízala. Sal a dar un paseo caminando a un parque cercano. Toma un libro que tengas ganas de leer y sumérgete en sus páginas. Reúnete con amigos o familiares que hace tiempo no ves y comparte un café o un trago, pero asegúrate de que esta persona te llene de energía y no te robe aún más tu paz y tú tranquilidad. Prepara una cena especial, cocina una nueva receta o hornea un pan o una torta. Medita un rato en compañía de una música relajante y unas velas aromatizadas para que te conectes con tu yo interior. Pinta mandalas, canta, baila, escribe. Las posibilidades son infinitas. Lo importante es que te permitas vivirla, sentirla y disfrutarla de cuerpo y mente.


3. No hagas nada: separa también un momento de 30 o 60 minutos para no hacer nada. Simplemente mira al techo, cierra los ojos o embelésate desprevenidamente por la ventana tratando de identificar formas conocidas en las nubes. Trata de no pensar en nada más. Deja que tus pensamientos divaguen por y hacia donde quieran, pero sin mayor preocupación. El foco tiene que estar en no pensar. Este tiempo en el que tu mente se desconecta es muy beneficioso para la creatividad. Además te llena, te recarga y te conecta contigo mismo y con lo esencial. Ya habíamos hablado de la importancia de disminuir el ritmo para que nos rinda mas. Pues dicha práctica está totalmente alineada con esta recomendación.


4. Evita las redes sociales: algo necesario para darnos tiempo de calidad a nosotros mismos, es alejarnos de las redes sociales. Ya hablamos en otro artículo sobre los beneficios de empezar el día lejos de las redes sociales, sobre la sensación de competencia e insatisfacción que nos produce el ver cómo los demás, aparentemente, sí logran sus sueños y metas mientras que nosotros estamos agobiados con todo lo que tenemos por hacer. Y esto es debido al tipo de publicaciones que todos subimos a la redes. Pero además, las redes sociales nos mantienen ocupados y conectados todo el tiempo, sin dejarnos un momento para pensar en nosotros y apreciar lo que tenemos, lo que es real y el momento en el que estamos de nuestras vidas, sin necesidad de competir con nadie más.



Un día libre es el momento ideal para dedicarnos a cuidar de nuestra relación más importante, la relación con nosotros mismos. Por ello hay que dedicar estos días a cuidarnos a tener compasión por nosotros mismos.

Para lograrlo, hay que aprender a escucharnos, a enfocarnos en nuestro bienestar, a ponernos nuestra máscara primero. Y sobretodo, hay que aprender a hacer lo que sentimos que queremos hacer y no lo que pensamos que debemos hacer.

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