• Juan P. Lema

Si quieres ser feliz...

Actualizado: feb 2

La única receta para ser feliz es convertirte en tu principal prioridad y dejar de complacer a los demás.

Si eres de los que dieron clic en el enlace que conducía a este artículo esperando encontrar una receta fácil para hallar la felicidad, te quiero contar que haz dado el paso correcto. Porque acá te la tenemos. Es una receta muy sencilla y de un solo paso: Si quieres ser feliz, deja de complacer a los demás.


La mayoría de las personas en sociedades colectivistas, como la latina, vivimos altamente preocupados por el qué dirán. Nos preocupa qué creerán o pensarán de nosotros nuestras parejas, nuestros padres, nuestras familias, nuestros jefes, nuestros colegas, nuestros vecinos y hasta las personas que van por la calle y ni si quiera conocemos.


Antes de tomar cualquier decisión les preguntamos a todas las personas de nuestro círculo cercano qué piensan de la opción que pretendemos tomar. Contrarrestamos su punto de vista con el nuestro. Y si, por casualidad, alguien manifiesta que nuestra decisión no le gusta o no le parece, la mayoría de las veces cambiamos de alternativa solo para no hacerlo sentir mal o defraudarlo.


El origen de esto es que no queremos quedar mal con nadie y por ello anteponemos sus deseos y bienestar al nuestro. El resultado final es que nuestro bienestar queda relegado a un último lugar, simplemente por darles gusto o complacer a los otros. Pero, te has detenido a pensar que si nosotros no nos preocupamos por nuestro bienestar ¿quién lo va a hacer? Seguramente no lo haz hecho.


¿CUÁNDO LO HACEMOS?


Complacer a los demás lo hacemos de muchas maneras. Por ejemplo cuando compramos cosas que no nos gustan, que no queremos o que no necesitamos, simplemente para impresionar a personas que no nos importan, como algunos compañeros de trabajo, los antiguos compañeros del colegio o de la universidad, o amigos de hace mucho tiempo. La necesidad de sentir que encajamos en el entorno social en el que nos desenvolvemos y de demostrar lo bien que nos está yendo en la vida, nos lleva a olvidarnos de lo simple y verdaderamente importante y nos lleva a adquirir una acción en algún club social, a comprar un carro más grande, a mudarnos a un apartamento con más área y a comprar ropa de marcas de lujo. Simplemente por el hecho de ganar la aceptación y el reconocimiento de un montón de personas que realmente no nos importan.

También es común que aceptemos ir a reuniones, fiestas, viajes y otro montón de eventos o sitios a los que no nos gustaría ir, simplemente por no defraudar o decepcionar a quién nos invitó. Creemos que si rechazamos su invitación los vamos a hacer sentir mal. Por ello dejamos de pasar una noche con nuestros hijos por asistir a un coctel de la oficina. En lugar de irnos en un viaje romántico con nuestras parejas, atendemos un paseo con los de la oficina, aún sin entender realmente qué tenemos en común con esas personas. Pedimos a un familiar que nos cuide a nuestros hijos un fin de semana, para atender la boda de un compañero de la universidad al que no vemos hace más de cinco años. Terminamos dejando a un lado las cosas que nos hacen felices y que realmente queremos hacer, por no hacer sentir mal a alguien o rechazar una invitación que nos hace un tercero para quién nuestra felicidad no es su prioridad.


Es tan evidente este patrón de comportamiento que nos pasa también en el trabajo cotidiano. Cuando nos citan a una reunión que coincide con un espacio que tenemos separado para adelantar algún trabajo individual y se nos dificulta decir que no. Tenemos tan poco clara la importancia de nuestro bienestar que aceptamos asistir a dicha reunión, posponiendo la ejecución de esa responsabilidad propia quizás para la noche o el fin de semana, sacrificando así nuestro tiempo personal, solo con el fin de darle gusto o complacer a otro. Nos mueve más el qué pensarán de nosotros y el encajar en el entorno laboral que el bienestar propio.


Asimismo, cuando alguien nos pide que le ayudemos con algo, no somos capaces de decirle que no. Ni siquiera sabiendo que estamos llenos de trabajo y que al decir que sí, nos va a tocar posponer la entrega de nuestros compromisos y quizás hasta nos lleve a quedar mal o nos implique cancelar alguna actividad personal. Pero como anteponemos el bienestar de los otros al nuestro, sin darnos cuenta sacrificamos nuestra felicidad por ayudar a los demás.


Piensen cuando nos piden que hagamos algo en un tiempo récord, que resulta apretado para el tiempo que tenemos disponible, debido a otros compromisos que teníamos adquiridos o que nos implica quedarnos hasta tarde en el trabajo y nos toca perdemos una comida o un evento familiar, no somos capaces de decir que no. Solo para mostrar nuestro nivel de dedicación, para no quedar mal con el jefe o para complacer al compañero que nos lo pidió, sacrificamos nuestros tiempo personal para cumplir y agradar al otro.


Pero esto va más allá de las actividades cotidianas. Inclusive, hay personas que terminan estudiando una carrera por darle gusto a sus padres o por qué es la tradición familiar. O se quedan aburridos por años en un empleo que no los hace felices simplemente porque ganan lo suficiente para darle a sus hijos la vida con los gustos que quieren darles. O se quedan atados en una relación de pareja en la que no son felices, simplemente por el hecho de no hacer sentir mal a sus hijos, para no defraudar a sus padres o porque en el puesto que tiene eso se vería mal. De nuevo, en todas estas decisiones anteponemos la felicidad de nuestros padres, pareja y hasta hijos a la nuestra. Pero ¿qué nos queda al final? ¿Quién va a vivir nuestra vida por nosotros? ¿Quién está pensando en recargarnos de felicidad? ¿De verdad creemos que si no estamos plenos por dentro podremos dar alegría a los demás?


¿QUÉ HACER?


La invitación es a que antepongas tu felicidad a la de los demás. Que te pongas tu máscara de oxígeno primero. Al momento de tomar cualquier decisión piensa: qué me haría más feliz. Y opta por dicha alternativa. Quizás tendrás que sortear conversaciones difíciles. Quizás te dejarán de invitar a sitios a los que no quieres ir. Quizás dejarán de pedirte favores en la oficina. Quizás personas que no te importan hablarán mal de ti. Pero eso qué más da.


Lo que sí es seguro es que tendrás mucho más tiempo para ti y al haber optado siempre por la alternativa que te complacía más, que te daba más gusto, serás mucho más feliz. Recuerda que cada día que pasa es un día menos en nuestras vidas así que vivámoslos al máximo y optemos siempre por aquello que nos llena y nos satisface más.

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