• Juan P. Lema

Soy adicto a tachar. ¿Y tú?

La adicción a tachar es tal, que ella decide en qué orden debemos abordar las tareas de nuestra lista de pendientes, en lugar de hacerlo según su prioridad.

A mí, como a la mayoría de las personas, me encanta hacer listas de pendientes. Coger una libreta, un post-it o un papel suelto y escribir todo aquello que tengo por hacer. Incluir en ella hasta la más mínima actividad. Incluso, hay quienes al final del día disfrutan transcribiendo, las tareas no terminadas, a la nueva lista de pendientes del siguiente día. Encontrando en esto una fuente de placer.


Y esto lo hacemos, no por el placer que les acabo de decir, sino porque nos genera la tranquilidad de tener un panorama completo de todo aquello que debemos ejecutar. De saber que no se nos va a escapar nada y que vamos a poder cumplir a tiempo, con todo aquello con lo que nos hemos comprometido.


En este momento se estarán preguntando, qué tiene que ver el hacer listas de pendientes con el título de esta publicación, qué tiene que ver la lista de pendientes con una adicción. Les explico.

Hacer listas de pendientes no es una adicción. No tiene nada de malo. Todo lo contrario. Tener una lista única de pendientes es una de las prácticas más recomendadas para manejar mejor el tiempo y ser más productivos. Ya hablamos de esto un un artículo previo de este mismo blog.


El problema radica en el momento en el cual empezamos la ejecución de dichas tareas. Tomamos la hoja o la libreta en la cual la hicimos y nos enfrentamos a un maremagno de actividades. En este momento la pregunta que se nos presenta a todos es: ¿Y por dónde empiezo?


Y como en general, no tenemos un adecuado manejo de prioridades, dejamos casi siempre esta decisión a una adicción. Una adicción que yo tengo: la adicción por tachar. Esa adicción que casi todos nosotros, o nuestros cerebros — según lo dice José Miguel Bolivar—, tenemos. Y como toda adicción, para poder curarnos tenemos que reconocerla: Somos adictos a tachar.


“El cerebro es adicto a tachar. Y esta adicción es tan fuerte que condiciona la toma de decisiones.” - José Miguel Bolivar

Miren, nuestro afán, o el de nuestros cerebros, por reducir la lista de pendientes al máximo, hace que elijamos para hacer de primero las cosas más corticas; las tareas más sencillas; los pendientes más simples. Dejamos que nuestra adicción decida por nosotros. Porque sentimos que estas tareas nos tomarán menos tiempo y por ende podremos tachar más actividades, lo que significa que tendremos menos cosas por hacer.


Lo hacemos creyendo que la clave para ser más productivos está en tener menos cosas en la lista, sin detenernos a pensar que cada una de estas cosas que quedan nos podría tomar horas o hasta días para su ejecución.


Y es que la adicción a tachar es tan grande, que no nos damos cuenta de que la tenemos. Es una adicción tan fuerte como la adicción a la heroína o a la cocaína. Nos da tanto placer que no nos damos cuenta del mal que nos hace y permitimos que siga definiendo el orden en que abordamos las tareas en nuestro día a día.


Este placer que nos da cuando empezamos a tachar tareas, cuando marcamos como ejecutadas aquellas actividades que finalizamos, con la ilusión de que al final del día, o en algún momento dado podamos mirar con felicidad que hemos tachado todo. Que todos los pendientes quedaron terminados. Es un placer contraproducente para la productividad.

Recuerden que ser productivo no es hacer muchas cosas, sino hacer menos cosas de una manera más inteligente. Y esta adicción a tachar nos lleva por el camino contrario. Nos pone a hacer mucho y, lo peor, en el orden equivocado. Estamos simplemente ocupándonos, creyendo que la ocupación es un sinónimo de productividad.

Además, cuando empezamos nuestras jornadas haciendo un montón de tareas menores, estamos desaprovechando el momento más productivo del día. Estamos dejando que nuestras mentes se agoten haciendo tareas de poco valor y estamos provocando que las tareas más difíciles, más largas y que demandan más de nosotros, las estemos abordando cuando ya el cerebro está cansado. Cuando no somos tan productivos y por ende nos toma más tiempo de los que nos debería tomar.


EL TRATAMIENTO


Si tú, al igual que yo, eres adicto a tachar, estos son los pasos que te recomendamos seguir para que acabes con dicha adicción:

  1. Reconoce. Lo primero que uno debe hacer para combatir la adicción a tachar, como cualquier otra adicción, es reconocer que la tiene. Como lo he hecho yo. Cuando uno reconoce que tiene este problema, empieza a pensar en las cosas que podría hacer para solucionarlo, pues ya sabe que la dependencia lo está perjudicando, o por lo menos está afectando su productividad.

  2. Elimina prejuicios. No se debe descalificar uno mismo. Todos, o casi todos, padecemos o hemos padecido de esta adicción a tachar. Es importante analizar las causas o factores que nos llevan a tachar de manera desmedida para tratar de eliminarlas.

  3. Prioriza. La mejor forma de combatir esta adicción, que como todas las adicciones es perjudicial, es implementando un mecanismo de priorización. Un sistema que nos ayude a decidir qué debemos hacer de primero, según la importancia de las actividades pendientes, y que no sea nuestra adicción por tachar la que lo decida.

  4. Asesórate. Hay muchos profesionales que pueden ayudarte con técnicas de priorización. En Time Es Cool ponemos a tu disposición nuestro curso online, las mentorías individuales y los talleres presenciales para que aprendas a priorizar y puedas dejar a un lado tu adicción.

  5. Busca apoyo. Habla con un amigo o compañero del trabajo para que te ayude a salir de la adicción. Cuéntale que vas a empezar el tratamiento de priorización para que te ayude a implementarlo y, a lo mejor, hasta él también se una. Las grandes batallas no se ganan solos. El apoyo de otros es fundamental para que no te dejen recaer.

  6. Sigue las instrucciones. Aplica el mecanismo de priorización al pie de la letra. Identificar lo más importante tiene su técnica. Los sistemas de priorización sirven para ordenar los pendientes según su importancia. Desde lo más importante hasta lo menos importante. Entendiendo como importante aquello que más valor nos aporta para alcanzar nuestros objetivos de vida, bien sea en el ámbito personal o en el profesional. Por ilógicas que parezcan las recomendaciones, aplícalas. No las menosprecies.

  7. Huye de las tentaciones. Trata de evitar las situaciones que podrían propiciar una recaída. Presta mucha atención cuando todo parezca estar bien, porque si te descuidas, puedes recaer. Las recaías son un golpe muy duro cuando uno cree que ya lo ha superado. Aunque los tiempos difíciles son inevitables, hay que mantener vivo el optimismo.

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