• Juan P. Lema

Descansar no es hacer pereza

La productividad se base tanto en trabajar como en descansar, en su justa medida, sin abusar de ninguno de los dos.

Existe un mito generalizado entre las personas y es que quien está descansando está haciendo pereza. En las oficinas, la mayoría de los jefes no pueden ver a alguien descansando porque cree que no está aprovechando el tiempo y simplemente es un perezoso.


Sin embargo esto no siempre es verdad y por ello hay que desmitificar el hecho de descansar como sinónimo de hacer pereza. Es más, los descansos y las pausas constantes a lo largo de la jornada laboral son tan importantes que técnicas mundialmente conocidas, como la técnica Pomodoro, son basadas en los descansos regulares de manera programada y en la recarga de energía y productividad que ellas nos generan.


Y es que ser productivos no significa trabajar más y mucho menos hacerlo sin descansar. Ser productivos implica trabajar de una manera más inteligente para administrar nuestros niveles de energía y así lograr más y mejores resultados en menos tiempo. Y para ello es vital la realización de descansos programados que nos ayuden a nivelar el cansancio y el estrés.


El trabajo enfocado y dedicado no son el único requisito para ser productivo. Por ello, quiero dedicar este artículo a explicar cómo las pausas y los descansos programados pueden ayudarte a lograr más de ti, a maximizar tu potencial y a alcanzar de una mejor manera esos resultados que tanto quieres. Finalmente propiciando el balance de vida que todos anhelamos.


¿ HAY QUE ESTAR SIEMPRE OCUPADOS?


Nuestro entorno y la sociedad en general hacen ver el descanso como una práctica inadecuada y nos impulsa todo el tiempo a ocuparnos como si fuera la única forma de ser productivo y no “perder” el tiempo. Por esto se nos critica cuando nos quedamos en casa un domingo sin hacer nada, cuando dejamos un par de días de nuestras vacaciones para reponernos y no hacer nada antes de volver a trabajar, o cuando no salimos de fiesta un viernes en la noche. Sin embargo, tanta supuesta productividad puede llegar a ser tóxica.


Estamos bombardeados todo el tiempo de mensajes que nos presionan para maximizar, amplificar y acelerar nuestros resultados, llevándonos incluso a perder el foco sobre lo que realmente nos importa y queremos lograr. Es el simple hacer por hacer. Y por esto es por lo que se ve bien quedarse trabajando hasta tarde, llegar a la oficina antes de la hora de entrada para lograr concentrarnos y hacer que el trabajo nos rinda más, conectarse por las noches y los fines de semana a responder mensajes y chats que tenemos atrasados. Vivimos corriendo una carrera sinfín en la que lo único válido es estar ocupados.

Todos estos comportamientos se basan en la creencia colectiva de que el trabajo duro es superior a la relajación y que las personas que no están ocupadas todo el tiempo son menos productivas. Pero esto es un círculo vicioso porque entre más hagamos más vamos a encontrar por hacer y siempre habrá algo más que podríamos estar haciendo. ¿Entonces cuándo debemos o podemos parar?

De allí la importancia de fijarnos límites razonables y de establecer barreras que nos permitan sentir que hemos alcanzado lo que queríamos o esperábamos de nosotros mismos. De lo contrario vamos a estar siempre sintiéndonos culpables por no estar ocupados y sobrecargados con un montón de cosas que nos quedan por hacer. Porque siempre habrá más por hacer. Te lo aseguro.


DESCANSAR ES CUIDARNOS


Ahora, una de las causas por las que no podemos parar y descansar es porque no somos capaces de decir que no. Vemos mal decirle a alguien que no le ayudaremos o que no iremos a alguna parte porque vamos a descansar, porque no vamos a hacer nada. ¿Cómo puede ser? ¿Qué van a pensar de mí?

Pero tienes que ponerte tu máscara primero, porque descansar es cuidarte. Descansar no tiene que ver con ser egoísta. Tu cuerpo y tu mente necesitan de momentos de reposo que le permitan recargarse y solo así podrás vivir en bienestar y dar más de ti a los demás.


Además, es generalmente en los momentos de deseando y relajación, cuando nuestra mente se aleja del detalle de los problemas del día a día, cuando somos capaces de soñar, de encontrar la salida a situaciones engorrosas, de vislumbrar soluciones a grandes problemas, de plantearnos retos más grandes y de fijarnos los caminos para alcanzar nuestras grandes metas y propósitos en la vida. Las ocupaciones diarias nos enceguecen y no nos lo dejan hacer.


De allí que se recomiende disminuir el ritmo para que nos rinda más. Así que podríamos decir que perder algo de tiempo puede ser saludable. Lo que podría traducirse en que hacer un poco de pereza es perfectamente aceptable.


NO JUSTIFIQUES LA PROCRASTINACIÓN


Pero mantente alerta, no nos podemos descuidar. Descansar no puede volverse una excusa para procrastinar. La linea entre la una y la otra es muy delgada y difusa, por lo que debemos estar muy atentos para no cruzarla. Una cosa es parar para recargar y otra es parar de trabajar porque sentimos poca motivación, porque el tema que debemos abordar es muy complejo, porque tenemos miedo o inseguridad de los resultados que vamos a obtener y otra serie de emociones negativas.


La procrastinación es el resultado o, mejor, la consecuencia de una serie de sentimientos que nos presionan y atemorizan. Y la única forma de abordarla es reconociendo estos sentimientos y siendo conscientes de que ellos nos están llevando a evitar afrontar una tarea o actividad. Sin esta búsqueda interna y profunda va a ser muy complejo encontrar una solución, pues siempre encontraremos razones – o excusas – externas para explicar el porqué de nuestra postergación.


Como ves, sobrecargarse de trabajo no es sano ni es un síntoma de productividad. Al igual que dejarnos dominar por la pereza tampoco lo es. Hay que trabajar y descansar, en su justa medida, sin abusar de ninguno de los dos.


Así que practica en tu jornada pausas regulares y programadas. Regálate de vez en cuando un día para ti. Y cuando te sientas estresado, cansado o agotado, detente. El mundo no no se va a acabar porque tú te tomes un descanso. Escucha tu cuerpo y sé consciente de tus emociones. Agotarte solo te alejará de alcanzar tus propios sueños.

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