• Juan P. Lema

Siete ladrones de energía

Para ser productivos, más que aprender a manejar el tiempo o las tareas, debemos aprender a manejar nuestra energía. Estos son siete ladrones de energía que debemos controlar.

Ya les he dicho en varias ocasiones que para ser productivos, más que aprender a manejar el tiempo o las tareas, debemos aprender a manejar nuestra energía. La razón detrás de esta afirmación es que nuestro rendimiento, en todo momento, depende del nivel de energía que tengamos. Por ello es que a veces se dice que el cerebro es como la batería del celular, pues con cada actividad que realizamos a lo largo del día, vamos mermando el nivel que nos queda de la misma y por ende la capacidad de realizar cosas más complejas y que nos impliquen pensar más.

Esta es justamente la razón por la que en los días en los que tenemos que hacer muchas actividades, las cuales se consumen toda nuestra energía, al final de la jornada nos sentimos agotados y sin capacidad de hacer nada que nos demande un esfuerzo mental. Asimismo, esto también explica por qué después de almorzar nuestra capacidad de concentración es tan baja, pues la mayor cantidad de energía de nuestro cerebro está destinada a la realización del proceso digestivo, quedándonos solo un 50 o 60% disponible para actividades intelectuales.


De allí que sea tan importante identificar qué momento del día es el más adecuado para realizar cada tarea y así balancear el nivel de energía que tengamos con el que nos demanda la actividad que vayamos a realizar. Sin embargo, además de esto, es importante asegurar que durante el día no tengamos pérdidas ni fugas de energía, pues existen múltiples comportamientos nuestros que actúan como ladrones de energía, es decir, disminuyen nuestra capacidad de hacer y producir, sin permitirnos entregar ningún resultado tangible y sin acercarnos al logro de nuestros objetivos.


Estos son los ladrones de energía más comunes y las formas de controlarlos:


1. Indecisión: hay momentos en los que se nos dificulta tomar decisiones, damos vueltas a los asuntos y dejamos que los minutos pasen valorando alternativas sin optar por ninguna opción. Esto, además de no generar ningún resultado, conlleva un desaste energético muy alto por la deliberación. Por ello te recomiendo establecer mecanismos o reglas que te permitan tomar más decisiones, de una manera más rápida, para todo aquello que sea importante y delegar o automatizar la toma de decisiones para todo lo que no tenga gran importancia en tu vida.

2. Desorden: si eres de los que con frecuencia dedica tiempo a pensar o a buscar en dónde dejó las llaves, el celular o un documento; si también se te dificulta encontrar archivos, documentos o elementos que has guardado, significa que no mantienes tus cosas de una manera ordenada o por lo menos con una lógica que te permita encontrarlas rápidamente. Para evitarlo, establece rutinas, asigna lugares específicos para tus cosas, afina los mecanismos de guardado para que no pierdas tiempo buscando cosas y mucho menos energías tratando de recordar dónde fue que lo dejaste o guardaste.


3. Deudas y pendientes: saber que le debemos algo a alguien, bien sea dinero, algo que nos prestó o una información que nos solicitó, es una de las cosas que más puede atormentar a la mayoría de las personas. Y es que el problema como tal no es tener pendientes o deber algo, sino la falta de un mecanismo idóneo para tenerlo presente y no olvidarlo. Así, en lugar de tener las deudas y pendientes registradas en nuestra mente y dejar que nos roben la energía tratando de no olvidarlos, debemos registrarlos por escrito en nuestra lista única de pendientes, ojalá con recordatorios de sus fechas límite o momentos de vencimiento, si es del caso.


4. Falta de planeación: seguramente te ha pasado que has tenido momentos en los que te has sentido abrumado, con una sensación de agobio por todo lo que tienes por hacer. Son momentos en los que no sabemos por dónde empezar y en los que sufrimos incluso de parálisis por análisis mientras definimos por dónde empezar. Pero igualmente te habrá pasado que una vez te pones a trabajar y empiezas a ejecutar lo que tienes por hacer, te das cuenta de que no era tanto ni era tan complejo como creías. Esto se debe a la falta de planeación; a carecer de un mecanismo que te permita ver el panorama completo, priorizar tus tareas y darle la debida dimensión a las cosas. Identifica el mecanismo que más te sirva para que este divagar y esta sensación de agobio no se vuelvan a apoderar de ti y te roben tu energía.


5. No saber decir que no: se dice que la incapacidad de decir que no nos lleva a ocupar nuestro tiempo, al tener que hacer cosas que no queríamos hacer o asistir a lugares o eventos a los que no queríamos ir. Pero también se dice que no saber decir que no ocupa nuestra mente, bien sea porque nos desgastamos recriminándonos el no haber sido capaces de decir que no de una manera asertiva o porque inventamos una excusa, que no debemos olvidar, para no hacer lo que nos pidieron en lugar de decir de frente que no. Así que fortalece tu músculo del decir que no, pues ambas razones nos llevan a un desperdicio enorme de nuestra energía al tener que rumiar de manera incansable pensamientos que no nos van a llevar a la acción ni van a cambiar el curso de las decisiones ya tomadas.


6. Promesas incumplidas: la mayoría de las personas, cuando le quedamos mal a alguien evadimos la confrontación. Es por esto que en lugar de dar la cara y sostener una conversación, nos desgastamos pensando qué podríamos decir, cómo nos deberíamos excusar, qué es lo que estarán pensando de mí. Pensamientos todos ellos que nos atormentan y nos llenan de angustia pero que no solucionan nada de lo que deberíamos entregar, porque en lugar de llevarnos a la acción nos llevan a la justificación. Así que en lugar de dedicarte a pensar sobre tus promesas incumplidas, renegocia acuerdos antes de su vencimiento o, en el peor de los casos, enfrenta con prontitud a quien le quedaste mal para que pases del pensamiento a la acción.


7. Quejas constantes: finalmente, el último ladrón de energía al que me quiero referir es a las quejas. Son muchas las personas que ven la vida como víctimas y no como jugadores. Se la pasan quejándose del tráfico en su ciudad, del carácter de su jefe, del desorden de sus hijos, de la falta de atención de su pareja, de la poca planeación que tienen en su empresa por lo cual le toca trabajar hasta tarde. Siempre expresándolo a manera de queja y desde la posición de quien se ve afectado por las acciones o comportamientos de los demás. Si en lugar de esto optamos por vivir la vida como jugadores y expresar nuestro malestar desde una mirada proactiva, que nos permita identificar cómo podemos moldear la situación y tomar acciones para que las cosas cambien, no solo el desgaste energético sería menor sino que pasaríamos del dolor a la emoción.

Como pueden ver, todos estos comportamientos tienen en común que se apropian de nuestro pensamiento, de nuestro cerebro, repasando una y otra vez situaciones que han sido, podrían haber sido o nunca lo serán, sin que nos impulsen a hacer nada para cambiarlas. Simplemente ocupan nuestra mente y con ello consumen nuestra energía, convirtiéndose en los ladrones que debemos evitar.

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